Category: Rue Boileau


A los 10 días de estar en casa, tus padres se dignaron a dar señales de vida. Habías pasado un mes en coma y llevabas 10 días despierta de él cuando tus padres aparecieron. Habían estado más de 2 meses en sudamérica con una pareja de amigod, donde él era un chaman y creían haber descubierto la fuente de la vida. Trayeron unos catálogos sobre una especie de residencia donde se harían cargo de todo. No sé si te habrás dado cuenta pero hemos discutido. No voy a dejar que te lleven a ningún sitio. Lucharé por que te quedes bajo este techo que los dos hemos construido y fortificado. Haré lo que sea necesario para que todo vuelva a ser normal, porque sé que todo volverá a ser normal. No sé si me escuchas. La verdad, tenías la cara con una mueca entre la preocupación y la indiferencia de tus ojos.
El caso es que hoy comienza, el día de nuestro segundo aniversario viviendo juntos, una nueva vida para ambos. Vas a depender de mí para casi todo. El médico me ha dicho que tu problema es como una especie de bloqueo mental que no permite ni tan siquiera moverte por ti misma. Lucharemos juntos, ya veras. Nada de residencias ni de otra gente. Tu y Yo. Como siempre ha sido. Como cuando nos escapábamos por las noches al embarcadero en las noches de Julio o cuando descubrimos Praga y Oslo en nuestros primeros viajes de novios. Solos Tú y Yo.
Tus padres, quieren el control de tu capital. Creo, que realmente, solo venían a eso.
Ah, hoy comienzo este diario, para el día que estes realmente bien, que lo vas a estar, lo leas.

Montrouge, a 15 de Octubre de 2005

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Era una mañana calurosa en la ciudad. Un 17 de Agosto que nos había convocado a estar aún en la ciudad y no en la playa con nuestras familias y nuestros conocidos. En unos meses cumpliríamos nuestro segundo año viviendo juntos y te preparaba una gran sorpresa. Si por algún motivo aún estábamos sin vacaciones era por tu primer mes de prácticas en el periódico y por el retraso que llevaba en mis planos. Una becaria estelar y un arquitecto en ciernes. Si algo teníamos por delante, según decía la gente, era porvenir.
A eso del mediodía recibí tu llamada. Acababas de salir de trabajar.
– Dime
– En 20 minutos en el italiano de siempre. ¿Te dará tiempo?
– Juro que lo intentaré pero no prometo nada.
– Haz un esfuerzo. ¿Sabes? acabo de ver a una mujer con un dálmata, como el que me gusta
– Ah sí, ¿ Como es de grande? Puede que sea el del vecino del 3º, el que se mudó ayer.
-[…]
– Oye…Oye….¿me escuchas?

Bajabas por la avenida manteniendo una conversación trivial conmigo cuando doblaste en esa maldita esquina. Una berlina alemana de color negro no frenó a tiempo en el paso de cebra y te llevo por delante. Tarde cerca de una hora en poder localizarte. Cuando lo hice quedé paralizado, helado, angustiado y con un gran sentimiento de culpa. Cuando llegué al hospital allí estabas, inmóvil, llena de tubos, para respirar. Los médicos dicen que el golpe producido por el coche no ha sido gran cosa, sin embargo al caer, te has dado un fuente golpe en la cabeza. Están pendientes de hacerte un scaner. Dicen que si es grave te tendrán que inducir el coma. A mí se me cae el mundo al suelo.
En esta habitación de hospital  hace demasiado calor y mi mirada se pierde en la ladera de la colina que desciende a los alrededores del hospital.Acabo de sentir el peso del mundo sobre mis hombros.

[…]

No ha sido hasta hoy, cuando has vuelto a hablar, cuando he vuelto a recordar lo que pasó aquel día. Han pasado cinco largos años, donde me he partido la cara contra el mundo por luchar por estar juntos.

Desperté una mañana de domingo nublado. Tu seguías mirando desde hacía horas la pared. A veces tengo la impresión de que a pesar de tu estado, nunca cierras los ojos, pero recordé que sí, que te había visto más de una vez dormir con tus ojos bien cerrados. Como un ser inerte, con una sonrisa como mueca en la cara, probablemente llevarías horas esperando a que me pusiera a funcionar. Te duché y te dí de desayunar. Una lagrima caía por tu mejilla. El doctor me dice a todas horas que te hable, que aunque no lo parezca tú me escuchas pero la espera de escuchar algo de tus labios se me esta haciendo eterna. Te juré que los domingos serían para nosotros, para coger una cesta y comer en cualquier ladera a las afueras de esta ciudad. De esta ciudad que nos ha dado tanto y nos ha quitado tantísimo a lo largo de los años.
Una vez que pude sentarte en el asiento del copiloto, encendí el coche. Pensé que sería una buena opción llevar el descapotado, pues aunque había amanecido nublado ahora radiaba un gran sol. Puse la música que te gustaba, con la que te conocí. Esa mezcla de rock duro mezclado con sentimiento y melancolía. Adorabas las  baladas y sonaba en el coche aquel tema de Deftones que tanto te gustaba. Tu melena al viento con un lazo de color azul al cuello. Tu vestido preferido, el rojo por supuesto. Pero sin decir una palabra. Bastaron unos pocos minutos de ese aire en la cara para darme cuenta que después de muchos años habías decidido volver a hablarme. Te oí susurrar algo. Paré el coche en el arcén y te pregunté una y otra vez que me decías. Por un momento pensé que serían alucinaciones provocadas por los antidepresivos o por cualquiera de las otras 8 pastillas que tomaba al día. Todos estos años esperando a que pudieras articular palabra y nada. Volví a escuchar algo. Estabas susurrando. Se me saltaron las lagrimas. Apoye mi cabeza en tu hombro. Y entonces lo oí. No parabas de repetirlo una y otra vez. Tu cara sonreía al igual que como te encontré esta mañana. La mueca de tu sonrisa no había cambiado. Y entonces conseguí descifrarlo.Bien claro, aunque muy bajito.
– Llévame lejos
Hacía más de 5 años que no hablabas.