-Y ahora que estás en la cama, llorando, bajo ese nórdico ¿no te das cuenta de que no merece la pena?

A veces es más difícil llegar a alguien con palabras que al fin del mundo. ¿Cómo se logra llegar las personas, a tocarles, a acariciarles aquello que tienen dentro,con las palabras?. No pienso que a veces es más difícil, lo afirmo rotundamente.
Te repito una y otra vez que todo va bien, que no hay porqué preocuparse. Pero tú no paras de llorar. A veces me siento como si hablara a una pared o algo por el estilo. No por nada malo o triste, sino porque me siento mal de no llegar a tí. De tocar esa fibra que nos hace débiles y frágiles a los problemas mas cercanos, al sentimiento a flor de piel, al buen gesto gratuito, al beso con mayúsculas, al amor bueno.
Te toco, te siento, pero no te llego. Te hablo de atardeceres anaranjados en nuestra ciudad, a olor a manzanilla y a frío polar de una cordillera cercana. Te entono alguna vieja canción que tu y yo conocemos. Te describo el amarillo flores que crecen en el campo de la alpujarra, y de los balcones del barrio de cartuja.
Horas más tarde estas aquí, frente a mi, en este jazz café, sentados frente a un gran piano de cola, mientras suena Miles Davis. Me coges la mano. La aprietas.

Todo irá bien, créeme.

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