Me recibió tarde la playa. De noche, a eso de las 12 de la noche. Con su particular color oscuro, el mar descansaba tranquilo como acostumbrado a este tipo de acontecimientos. Hoy se ha despertado radiante, brillante y tranquilo. Y eso dice mucho y muy bien de él.
Duelen muchas cosas. Duelen los No por doquier, duelen los rechazos y duelen mucho las esperas. Duelen mucho más los desprecios inoportunos y los oportunos también. Duele el egoísmo, la desinspiración y la pérdida de toda esperanza. Y de todo lo mencionado lo que más duele es con diferencia la indiferencia.
Quién maneja la indiferencia y la sabe utilizar, es un privilegiado. Persona que no se para a pensar en el prójimo, da que pensar.
Pero claro, la causa de la indiferencia es la diferencia de no ser quien otros desean y ser uno mismo. Porque no hay que renegociarse a sí mismo. Hay que mostrarse tal cuál uno es y respetuoso. Y entonces, si la indiferencia te golpea la cara con toda su crueldad, es el momento de hacer un punto y aparte.
La diferencia entre ser yo y no quien quieres que sea. Entre quien soy y como te gustaría que me llamara, que me vistiera, que comiera….convertirme en otra persona.
Yo no tengo porqué convertirme en nadie, ni soy el sustituto de nadie y por supuesto, la diferencia de toda esta historia, es la indiferencia.

Soy yo, no quien tú quieres.

Anuncios