Latest Entries »

-Y ahora que estás en la cama, llorando, bajo ese nórdico ¿no te das cuenta de que no merece la pena?

A veces es más difícil llegar a alguien con palabras que al fin del mundo. ¿Cómo se logra llegar las personas, a tocarles, a acariciarles aquello que tienen dentro,con las palabras?. No pienso que a veces es más difícil, lo afirmo rotundamente.
Te repito una y otra vez que todo va bien, que no hay porqué preocuparse. Pero tú no paras de llorar. A veces me siento como si hablara a una pared o algo por el estilo. No por nada malo o triste, sino porque me siento mal de no llegar a tí. De tocar esa fibra que nos hace débiles y frágiles a los problemas mas cercanos, al sentimiento a flor de piel, al buen gesto gratuito, al beso con mayúsculas, al amor bueno.
Te toco, te siento, pero no te llego. Te hablo de atardeceres anaranjados en nuestra ciudad, a olor a manzanilla y a frío polar de una cordillera cercana. Te entono alguna vieja canción que tu y yo conocemos. Te describo el amarillo flores que crecen en el campo de la alpujarra, y de los balcones del barrio de cartuja.
Horas más tarde estas aquí, frente a mi, en este jazz café, sentados frente a un gran piano de cola, mientras suena Miles Davis. Me coges la mano. La aprietas.

Todo irá bien, créeme.

Anuncios

Que quede bien claro de antemano, que lo que me dispongo a relatar es tan cierto o real como el estremecimiento de los poros de mi piel al recordarlo.
El día que la conocí en persona, era un día de lluvia de Febrero. Gracias a esas nuevas tecnologías y a las redes sociales de hoy en día, una coincidencia hace que nos conozcamos aunque virtualmente. Lo primero que presiento de ella es que en persona debe avasallar, debes ser ese tipo de persona que se nota cuando entra en una habitación repleta de gente. De ese tipo de mujeres, que cambian el destino ya no solo de un hombre, si no de lo que ellas realmente quieran.
El hecho de que te engañara para arrancarte una cita no significa, que le subestimara, porque 4 horas más tarde me dejó tirado bajo esa lluvia de Febrero. Simplemente conseguí algo y luego lo perdí. Deconstruccion de la situacion al más puro estilo Ferrán Adriá. Que consiguiera una cita con ella una semana más tarde se debe en parte, a mi tozudez desmesurada y despreocupada ante el rechazo, a tu paciencia y al azar.
Me faltaron cruzar 5 palabras para saber que cambiaría mi vida. Allí, apartados del centro de la ciudad, arrojó sus brazos entorno a mi cuello y me besó como nadie antes lo había hecho. No se si era pasión, o si ella es la pasión en persona.
Siempre me ha puesto las cosas dificiles, pero tuve bien claro, desde el primer momento, que te quedarías a mi lado por el resto de mi vida.
Y asi ha sido.

A los 10 días de estar en casa, tus padres se dignaron a dar señales de vida. Habías pasado un mes en coma y llevabas 10 días despierta de él cuando tus padres aparecieron. Habían estado más de 2 meses en sudamérica con una pareja de amigod, donde él era un chaman y creían haber descubierto la fuente de la vida. Trayeron unos catálogos sobre una especie de residencia donde se harían cargo de todo. No sé si te habrás dado cuenta pero hemos discutido. No voy a dejar que te lleven a ningún sitio. Lucharé por que te quedes bajo este techo que los dos hemos construido y fortificado. Haré lo que sea necesario para que todo vuelva a ser normal, porque sé que todo volverá a ser normal. No sé si me escuchas. La verdad, tenías la cara con una mueca entre la preocupación y la indiferencia de tus ojos.
El caso es que hoy comienza, el día de nuestro segundo aniversario viviendo juntos, una nueva vida para ambos. Vas a depender de mí para casi todo. El médico me ha dicho que tu problema es como una especie de bloqueo mental que no permite ni tan siquiera moverte por ti misma. Lucharemos juntos, ya veras. Nada de residencias ni de otra gente. Tu y Yo. Como siempre ha sido. Como cuando nos escapábamos por las noches al embarcadero en las noches de Julio o cuando descubrimos Praga y Oslo en nuestros primeros viajes de novios. Solos Tú y Yo.
Tus padres, quieren el control de tu capital. Creo, que realmente, solo venían a eso.
Ah, hoy comienzo este diario, para el día que estes realmente bien, que lo vas a estar, lo leas.

Montrouge, a 15 de Octubre de 2005

Era una mañana calurosa en la ciudad. Un 17 de Agosto que nos había convocado a estar aún en la ciudad y no en la playa con nuestras familias y nuestros conocidos. En unos meses cumpliríamos nuestro segundo año viviendo juntos y te preparaba una gran sorpresa. Si por algún motivo aún estábamos sin vacaciones era por tu primer mes de prácticas en el periódico y por el retraso que llevaba en mis planos. Una becaria estelar y un arquitecto en ciernes. Si algo teníamos por delante, según decía la gente, era porvenir.
A eso del mediodía recibí tu llamada. Acababas de salir de trabajar.
– Dime
– En 20 minutos en el italiano de siempre. ¿Te dará tiempo?
– Juro que lo intentaré pero no prometo nada.
– Haz un esfuerzo. ¿Sabes? acabo de ver a una mujer con un dálmata, como el que me gusta
– Ah sí, ¿ Como es de grande? Puede que sea el del vecino del 3º, el que se mudó ayer.
-[…]
– Oye…Oye….¿me escuchas?

Bajabas por la avenida manteniendo una conversación trivial conmigo cuando doblaste en esa maldita esquina. Una berlina alemana de color negro no frenó a tiempo en el paso de cebra y te llevo por delante. Tarde cerca de una hora en poder localizarte. Cuando lo hice quedé paralizado, helado, angustiado y con un gran sentimiento de culpa. Cuando llegué al hospital allí estabas, inmóvil, llena de tubos, para respirar. Los médicos dicen que el golpe producido por el coche no ha sido gran cosa, sin embargo al caer, te has dado un fuente golpe en la cabeza. Están pendientes de hacerte un scaner. Dicen que si es grave te tendrán que inducir el coma. A mí se me cae el mundo al suelo.
En esta habitación de hospital  hace demasiado calor y mi mirada se pierde en la ladera de la colina que desciende a los alrededores del hospital.Acabo de sentir el peso del mundo sobre mis hombros.

[…]

No ha sido hasta hoy, cuando has vuelto a hablar, cuando he vuelto a recordar lo que pasó aquel día. Han pasado cinco largos años, donde me he partido la cara contra el mundo por luchar por estar juntos.

Desperté una mañana de domingo nublado. Tu seguías mirando desde hacía horas la pared. A veces tengo la impresión de que a pesar de tu estado, nunca cierras los ojos, pero recordé que sí, que te había visto más de una vez dormir con tus ojos bien cerrados. Como un ser inerte, con una sonrisa como mueca en la cara, probablemente llevarías horas esperando a que me pusiera a funcionar. Te duché y te dí de desayunar. Una lagrima caía por tu mejilla. El doctor me dice a todas horas que te hable, que aunque no lo parezca tú me escuchas pero la espera de escuchar algo de tus labios se me esta haciendo eterna. Te juré que los domingos serían para nosotros, para coger una cesta y comer en cualquier ladera a las afueras de esta ciudad. De esta ciudad que nos ha dado tanto y nos ha quitado tantísimo a lo largo de los años.
Una vez que pude sentarte en el asiento del copiloto, encendí el coche. Pensé que sería una buena opción llevar el descapotado, pues aunque había amanecido nublado ahora radiaba un gran sol. Puse la música que te gustaba, con la que te conocí. Esa mezcla de rock duro mezclado con sentimiento y melancolía. Adorabas las  baladas y sonaba en el coche aquel tema de Deftones que tanto te gustaba. Tu melena al viento con un lazo de color azul al cuello. Tu vestido preferido, el rojo por supuesto. Pero sin decir una palabra. Bastaron unos pocos minutos de ese aire en la cara para darme cuenta que después de muchos años habías decidido volver a hablarme. Te oí susurrar algo. Paré el coche en el arcén y te pregunté una y otra vez que me decías. Por un momento pensé que serían alucinaciones provocadas por los antidepresivos o por cualquiera de las otras 8 pastillas que tomaba al día. Todos estos años esperando a que pudieras articular palabra y nada. Volví a escuchar algo. Estabas susurrando. Se me saltaron las lagrimas. Apoye mi cabeza en tu hombro. Y entonces lo oí. No parabas de repetirlo una y otra vez. Tu cara sonreía al igual que como te encontré esta mañana. La mueca de tu sonrisa no había cambiado. Y entonces conseguí descifrarlo.Bien claro, aunque muy bajito.
– Llévame lejos
Hacía más de 5 años que no hablabas.

Me recibió tarde la playa. De noche, a eso de las 12 de la noche. Con su particular color oscuro, el mar descansaba tranquilo como acostumbrado a este tipo de acontecimientos. Hoy se ha despertado radiante, brillante y tranquilo. Y eso dice mucho y muy bien de él.
Duelen muchas cosas. Duelen los No por doquier, duelen los rechazos y duelen mucho las esperas. Duelen mucho más los desprecios inoportunos y los oportunos también. Duele el egoísmo, la desinspiración y la pérdida de toda esperanza. Y de todo lo mencionado lo que más duele es con diferencia la indiferencia.
Quién maneja la indiferencia y la sabe utilizar, es un privilegiado. Persona que no se para a pensar en el prójimo, da que pensar.
Pero claro, la causa de la indiferencia es la diferencia de no ser quien otros desean y ser uno mismo. Porque no hay que renegociarse a sí mismo. Hay que mostrarse tal cuál uno es y respetuoso. Y entonces, si la indiferencia te golpea la cara con toda su crueldad, es el momento de hacer un punto y aparte.
La diferencia entre ser yo y no quien quieres que sea. Entre quien soy y como te gustaría que me llamara, que me vistiera, que comiera….convertirme en otra persona.
Yo no tengo porqué convertirme en nadie, ni soy el sustituto de nadie y por supuesto, la diferencia de toda esta historia, es la indiferencia.

Soy yo, no quien tú quieres.